Las autopistas digitales

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1 Jul 2017 – 10:30 PM
A MANO ALZADA
Por: Columnista invitado

Fernando Barbosa

En 1789, en Zipaquirá, Pedro Fermín de Vargas escribió: “No podríamos lisonjearnos jamás de hacer un tráfico tan extenso como lo prometen las circunstancias de este Reino, mientras los caminos de tierra y agua subsistan en el país que hoy tienen”. Y proponía, dentro de muchas soluciones que nos sorprenden ahora, “formar una compañía a quien se concediese por juro de heredad el derecho de ciertos peajes con que indemnizarle los crecidos avances que tendrían que hacer para la composición de los caminos del Reino” (Pensamientos Políticos, Universidad Nacional, 1968). Han pasado desde entonces 228 años y seguimos con el mismo diagnóstico y los mismos remedios.

Mirar atrás en este contexto causa cierta desazón. Sin embargo, no se trata de negar los avances logrados. Hace 60 años eran excepcionales las carreteras pavimentadas y hoy nos movemos en los proyectos de las 4G y de las APP. Pero si enfocamos la mirada en el futuro, nos sentimos tan desconcertados como lo estuvo Pedro Fermín.

Un reciente informe del McKinsey Global Institute revela que en 2016 la participación de las mercancías en el PIB mundial fue sobrepasada por la de los flujos de datos. Y esto significa que hay un nuevo actor al frente de la economía mundial: las plataformas de internet de gran escala como Google, Apple, Facebook, Amazon en Estados Unidos, o SAP en Europa, o Alibaba y Tencent en China, que son las que mueven los flujos digitales en comercio, información, búsquedas, videos, comunicaciones y en los tráficos intrafirma.

Pero los alcances no se detienen ahí e impactan sectores muy sensibles para nosotros. Me refiero a la agricultura que desde hace tiempo se nos presenta como la esperanza. Hace 40 años, observando la Bolsa Agropecuaria de Chicago, era claro que las decisiones de los grandes compradores dependían de los datos que recogían los satélites para analizar las tendencias del clima. En el mundo de hoy, que cambió drásticamente, las posibilidades de futuro se llaman ciberagricultura, bioinformática, bioingeniería, biotecnología. Y todas dependen de las autopistas digitales.

En Japón, pasada la guerra, los técnicos y expertos aconsejaron concentrar el desarrollo en industrias intensivas en mano de obra, que era lo disponible en un país destruido. Los políticos visionarios no aceptaron la propuesta y decidieron enfocarse en industrias pesadas e intensivas en capital y lograron el milagro que conocemos. No podemos esperar dos siglos para contar con una plataforma satelital que nos conecte con la cuarta Revolución industrial. ¿Quién puede recoger el guante?

Tomado de El Espectador

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