Oportunidad histórica en el páramo de Sumapaz

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Los objetivos nacionales de conservación del agua y la biodiversidad pasan por las comunidades locales, como la del páramo de Sumapaz. / Foto: Andrés Torres – El Espectador

Editorial

Por El Espectador

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La Zona de Reserva Campesina en el Páramo de Sumapaz//Las2Orillas.com

Un resultado de la firma del Acuerdo de La Habana es que el páramo de Sumapaz —el más grande del mundo— aparece entre la geografía que por fin podemos visitar. Este territorio demuestra que los retos del país son enormes, pero también que las oportunidades son únicas. Ojalá no sean desaprovechadas.

El Sumapaz es una parte de la otra Colombia, la que desde Bogotá no acabamos de entender. Ha sido escenario de resistencia campesina desde los inicios del siglo XX, de refugio político ante la violencia partidista, y corredor estratégico del conflicto con las Farc.

Si bien su naturaleza es sobrecogedora, en el inmenso territorio que va desde las goteras de Bogotá hasta Huila, Meta y Tolima habitan más de 3.000 familias, con sólidas organizaciones hoy listas para un acuerdo con el Estado. En efecto, después de haber sido ordenada la delimitación de los páramos hace casi siete años y de definir 30 de los 36 complejos, los páramos habitados presentan el desafío más difícil. Pasar del papel del escritorio a los procesos de carne y hueso en el territorio.

Los objetivos nacionales de conservación del agua y la biodiversidad pasan por las comunidades locales. Mal se haría simplemente declarándolas “guardianas del páramo”, algo que con sus propias limitaciones y alcances vienen haciendo, sin que esto no signifique una mejora en su calidad de vida y su arraigo territorial.

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“No hay nada más importante para Colombia, que proteger nuestro ambiente, y nuestras fuentes de agua, que son nuestros páramos”, dijo el presidente Juan Manuerl Santos((Noticias RCN.com

Si para los bogotanos el 10 % del agua viene de allá arriba, para sus habitantes no es claro qué obtendrán de quienes viven abajo en la capital. Y tienen razones para dudar. La reproducción de imaginarios institucionales de una conservación en áreas protegidas sin gente podría significar una gran inequidad con quienes han vivido siempre allí.

La oportunidad es clara. Desde hace casi diez años, el Sindicato de Trabajadores Agrícolas de Sumapaz promueve la creación de una zona de reserva campesina (ZRC) que abarcaría una buena parte del páramo, en zonas de influencia del Parque Nacional Sumapaz. Un espacio de oportunidad para la “gobernanza ambiental”.

En efecto, desde su concepción en 1994, las ZRC buscan detener el avance de la frontera agropecuaria, hoy en áreas de especial importancia ambiental. Los campesinos, con la ZRC del Sumapaz, piden ejercer el derecho constitucional a proteger el ambiente, buscando que sea compatible con su visión del territorio, calidad de vida y aspiraciones a futuro.

Sería un grave error si los funcionarios simplemente acuden al marco legal restrictivo, que no diferencia la agricultura campesina —semillero de biodiversidad— de la industrial. Con todo, la comunidad allí presente no rechaza ese marco legal, sino que, en un hecho sin precedentes, insiste en participar en su implementación, al considerar que sus objetivos coinciden con los de la conservación de los páramos. Pero requieren de apoyo y confianza desde el Estado.

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Archivo:Páramo de Sumapaz,Bogotá//Wikipedia.com

Para el Gobierno es una oportunidad de aplicar la resolución de delimitación de páramos que ordena diseñar y poner en marcha lineamientos y programas de reconversión productiva sostenible, hacia escenarios en los que las actividades humanas sean afines al mantenimiento de la biodiversidad y la funcionalidad de los páramos. A la fecha, sin embargo, se acusa un gran atraso por parte de las carteras responsables en la emisión de los instrumentos para este fin.

Allá arriba hay 3.000 familias a la espera de que se les dé la mano, no la espalda. Y menos que se esgrima un argumento conservacionista que resultaría miope: decir que en la alta montaña tampoco hay espacio para la gente campesina. ¿Cómo podría pensarse cerrar la frontera agrícola? La reciente constitución de la ZRC de Montes de María, en el Caribe, abre un compás de esperanza. El Estado parece dispuesto a reconocer esta figura como una oportunidad para la gestión justa de territorios que pueden marchar hacia la sosteniblidad. Sigue el Sumapaz.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

Tomado de El Espectador.com

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