Madre sólo hay una, violencias muchas

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Foto ilustrativa:El grupo informático.com

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Por: Yolanda Ruiz

Recuerdo el impacto que me produjo hace años la promoción de un programa de historias de la vida real en un canal internacional: sobre imágenes de cuerpos ensangrentados, el locutor decía algo así como “lo difícil es matar a quien no se conoce, a alguien con quien no se tiene un vínculo, lo difícil es asesinar a sangre fría”. Luego hablaba del asesino en serie que puede ser el vecino. Nunca ví el programa porque para violencia con la de la vida real me basta y sobra. Sin embargo, el mensaje se me grabó; me pareció perturbador porque partía de la premisa de que es más fácil matar a alguien que se conoce cuando las emociones y las pasiones intervienen. Volví a pensar esta semana en esa promoción cuando entrevistaba a la directora de Medicina Legal, Claudia García Fino, quien lanza un llamado desesperado para que no nos matemos el Día de la Madre, el más violento del año.

Es una campaña de la Fiscalía y del Instituto de Medicina Legal porque históricamente el fin de semana de mayo en el que se celebra el Día de la Madre presenta los más elevados índices de violencia. Le compite el puente de Navidad en esa carrera macabra por lograr el primer lugar entre las fechas del año que nos sacan los demonios. Son días de familia, de fiesta, de licor y de pasiones que a veces se desatan para terminar en tragedias. Muchos de los muertos y heridos son fruto de violencia dentro de la familia. Con seguridad esos homicidas jamás se vieron como tales, nunca se pusieron a sí mismos en la lista de los que podrían matar, pero en un ataque de ira se llevaron por delante a su esposa, a su cuñado, a un tío, a un padre, y de paso la vida de una familia completa.

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No se trata sólo del dolor por quien murió, se trata de recomponer los pedazos de una familia rota que queda con el destino marcado. El año pasado, para el fin de semana de la madre fueron 126 muertes, 1.214 riñas, 428 denuncias de violencia de pareja, 206 de otro tipo de violencia intrafamiliar y 132 casos de violencia sexual, según el reporte oficial de Medicina Legal. ¿Qué viene en la vida de un niño que ha sido víctima de abuso en su casa? ¿Cómo se recuperan los hijos de una mujer asesinada por su marido? ¿Cómo se perdona a ese otro que es sangre de la sangre y que nos agrede? ¿No será que algunas violencias del futuro se incuban en esas familias que se quiebran en un ataque de rabia? Mucho hablamos, debatimos, legislamos sobre el conflicto, las bandas criminales, la guerrilla, los paras y todos los delincuentes que son un riesgo permanente para la vida y la estabilidad social, pero qué poco sabemos de esa rabia contenida que camina silenciosa en tantas familias que hoy ignoran la presencia de un agresor, de un homicida, entre los suyos.

Bienvenida la campaña que invita a celebrar sin agresiones, aunque soy pesimista sobre el impacto real que logre con esos mensajes emotivos que nadie recordará cuando los tragos y las discusiones calienten la fiesta. Aun así, por lo menos sirve para poner el foco en el origen de uno de nuestros problemas agudos: la violencia cotidiana que golpea dentro de la familia, en el vecindario, en el entorno cercano, esa que no está manejada por mafias ni capos, esa que nos daña sin hacer mucho ruido. Esa violencia que, como una gota de agua constante, va minando la roca que sostiene una sociedad que tiene dificultades para tramitar sus conflictos, que no distingue cuándo hay dolo y cuándo no, en un acto que agrede, sea grande o pequeño.

Es por eso tal vez que, como insinuaba la promoción de esa serie de televisión, es más fácil matar por pasiones a quien se conoce, a quien está cerca. Si no aprendemos a resolver los líos de otra manera, si no formamos a nuestros hijos para que la agresión fácil no sea la respuesta a todo problema, de poco servirán leyes y campañas. Feliz Día de la Madre, ojalá sin muertos.

Tomado de El Espectador.com

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