Los libros sí pueden cambiar su mundo

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Por: Claudia Morales

¿Sabemos quiénes son los niños?, ¿cada cuánto renovamos nuestra mirada sobre ellos?, ¿los tenemos para llenarlos de instrucciones?, ¿qué idea tenemos de la primera infancia? Esas y más preguntas planteó Martha Inés Iannini, psicopedagoga y pedagoga de Fundali, durante el Primer Festival de Literatura Infantil celebrado en Armenia.

Intentemos responder íntimamente, o si preferimos de forma activa con otras personas, esas dudas con un fin: saber dónde nos situamos en el mundo de los pequeños y qué tanto de nuestro accionar frente a ellos está relacionado con experiencias borrosas o nítidas de nuestra infancia. Así deberían ser nuestros días como padres y maestros, desbordados de preguntas cuyas respuestas, además, siempre podremos encontrar en los libros. Aquí les dejo un ejemplo de varios que seguro ustedes también recordarán y podrán compartir.

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La semana pasada mi hija, que está cerca de cumplir nueve años, tomó un texto de nuestra librería y empezó a leerlo con curiosidad. Se llama Preguntas al amor, 8-11 años, y trata lo relacionado con la sexualidad. A Isabela le habíamos hablado de ese y otros temas con claridad, pero igual lo llevamos a la casa. A través de esas páginas tuvimos la conversación más hermosa y algo tan normal como el cuerpo, el amor, el sexo, satanizado por tantos, fue objeto de preguntas, respuestas y sonrisas que quiero dejar talladas en mis huesos hasta la muerte.

Ustedes dirán, ¿qué tiene que ver lo de la profesora Iannini con Isabela? Tiene que ver todo, porque como dice la educadora de primera infancia Lucía Liévano, “los libros nos dan la posibilidad de poner sobre la mesa los temas más difíciles y sirven para tener una conversación tranquila con los niños”. La sexualidad nunca ha sido un tema vedado en mi mundo pero sé que hay hogares en los que ese y otros asuntos resultan de mayor complejidad.

Ante eso, pienso que es una obligación como adultos buscarnos en nuestra infancia, recordar qué aprendimos y a través de qué canales, y determinar si eso nos limita frente a nuestros hijos o alumnos. “Cuando no les damos información veraz o la disfrazamos, les estamos diciendo a los niños que no pueden confiar en el adulto y eso no los beneficia, los confunde y van construyendo aprendizajes equivocados”, sostiene Liévano.

Eloisa y los bichos, de Jairo Buitrago, trata sobre el desarraigo y el miedo; Mil grullas, de Elsa Bornemann, es la historia de dos niños víctimas de Hiroshima; Mi abuela no es la de antes, de María José‏ Orobitg i Della, es sobre la vejez, y podría citar autores e ilustradores hasta el infinito para decirles que siempre están las historias escritas como herramientas y para reiterar que los libros sí pueden cambiar nuestro mundo.

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Los niños leen si miran el ejemplo de sus padres – Diario La Prensa

Entendamos que los niños tienen demasiada información alrededor y necesitan adultos que lean con ellos, que los oigan, que sepan qué saben y sobre qué más quieren aprender.

Abracemos la literatura y con ella hablemos de la muerte, la sexualidad, los celos, los géneros, la paz, la guerra, el matoneo, la diferencia, la empatía y el egoísmo. Luchemos contra las sociedades totalitarias que quieren reprimir la crítica, formemos niños que cuestionen, que sean capaces de crear y de formar su criterio sobre la base de información real. Por un mundo mejor, sanémonos, leamos, aprendamos y enseñemos. Se lo debemos a nuestros hijos y a nuestros alumnos. Con razón sentencia el periodista y pacifista Colman McCarthy, “a menos que enseñemos a los niños la paz, alguien más les enseñará la violencia”.

@ClaMoralesM

* Periodista.

Fotos:La Crónica del Qiuindío

Tomado de El Espectador.com

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