Contraplano: Los cabildos abiertos

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Los “Consejos Comunitarios”, un remedo malo del “Cabildo Abierto” que no solucionan nada. Foto El Espectador

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Por Orlando Cadavid Correa

Desde tiempos pretéritos vienen siendo tan inútiles e improductivas, en su mayoría, las visitas presidenciales en Colombia como las tetillas de los hombres.

En estos rimbombantes cabildos abiertos se ventilan los problemas más acuciantes de la comunidad, pero no se resuelve ninguno, y se dan silvestres las llamadas “promesas de cumbiambera”.

Los escribientes del mandamás se encargan de tomar atenta nota de las súplicas ciudadanas expuestas en cada estéril consejo comunitario, pero al regreso a Bogotá se  supone que lo escrito va a parar al rincón de las amnesias, en los  sótanos del Palacio de Nariño. ¡Ojalá estemos equivocados! Abriguemos la esperanza de que haya unos archivos bien llevados de estos desplazamientos a las diferentes comarcas.

Queda para el recuerdo el video del show del “histórico encuentro” (llamado así por los ujieres del régimen) entre el presidente de turno y su pueblo.

Está probado que la provincia desestimada no tiene dolientes entre los altos heliotropos capitalinos que disfrutan a sus anchas de los melifluidades de la burocracia. Ya no se estila que los ministros sean defensores de sus regiones en los consejos de gabinete. Todo tiempo pasado fue mejor.

El primer periodista colombiano que se atrevió a cuestionar sin ambages una visita presidencial de mucho peso a una provincia fue el inolvidable Arturo Gómez Jaramillo, director del diario LA PATRIA en 1970. (Por favor, no confundirlo con el personaje homónimo que gerenció durante largo tiempo la Federación Nacional de Cafeteros).

En un editorial con altas dosis de sarcasmo le dio la bienvenida al entonces presidente Carlos Lleras Restrepo, de quien dijo que “al final de su mandato llegaba a Manizales a inaugurar la que había sido su obra cumbre en Caldas: una fábrica de helados o paletas en el Nevado del Ruiz”.

La andanada indignó al mandatario bogotano, que, sin embargo, prefirió pasar de agache ante semejante banderilla negra que Gómez Jaramillo le puso en todo lo alto de su ilustre morrillo santafereño.

Ésta es la verdad monda y lironda: la inversión en territorio caldense, en el cuatrienio llerista, llamado pomposamente el “Frente de la Transformación Nacional”, fue  de cero pesos y cero centavos. 

No faltaron los admiradores del doctor Lleras que cuestionaron, por encontrarlo “irreverente”, el editorial dirigido contra el dueño de una inteligencia superior, que en los días finales de su mandato constitucional visitaba generosamente al departamento de Caldas.

¿Cuántas de las muchas promesas presidenciales hechas en el pasado y en el presente se han  cumplido?  ¡Averígüelo Vargas!

En un escenario diferente, también hubo en el pasado, en la provincia, un sonoro desplante para otro mandatario del país, copartidario y coterráneo del doctor Lleras Restrepo.

Sucedió en la inauguración de unos Juegos Centroamericanos y del Caribe en Medellín, donde unos 30.000 espectadores congregados en el estadio Atanasio Girardot propinaron una ruidosa rechifla al presidente Alfonso López Michelsen en 1978.

El abochornado mandatario hizo mutis por el foro. Nunca quiso referirse públicamente a la impresionante silbatina paisa de la que fue testigo de excepción su canciller, Indalecio Liévano Aguirre. Nunca se supo quién fue el promotor de semejante sabotaje a la dignidad presidencial.

La apostilla: Este chascarrillo circuló por aquellas calendas en la ciudad de la eterna primavera: Cuando se le preguntaba por la capital paisa, el presidente López Michelsen se limitaba a responder: “Medellín me chifla”.

Tomado de la Revista Corrientes.com

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