Lo que nos falta para la educación virtual

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La falta de preparación de Colombia para la virtualidad no solo se ve en la desigualdad, sino en el analfabetismo en este tema. / AFP
 

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Por Fidel Cano

Director El Espectador​​​​​​​

 

Los tiempos extraordinarios que vivimos les han exigido más a todos los colombianos, pero es injusto pedirles a las personas que estén a la altura si hay desigualdades estructurales que sabotean cualquier esfuerzo por más buena voluntad que exista. Tal vez no hay lugar donde esto se vea más claro que en la educación virtual.

Desde que entramos en cuarentena, e incluso antes en algunos casos, los estudiantes y maestros del país en todos los niveles de educación tuvieron que irse a sus casas e improvisar la virtualidad. Aunque los resultados han sido mixtos, con muy buenos ejemplos de la resiliencia, creatividad y disciplina de los colombianos, no podemos ignorar que son muchas las fallas y que abundan los obstáculos para poder decir que el derecho fundamental a la educación se está garantizando.

Lo más angustiante es que la situación no va a mejorar pronto. Los colegios y las universidades pueden ser focos de contagio si no se toman las medidas necesarias y, en todo caso, nos parece evidente que Colombia necesita profundizar y acelerar su evolución a una educación virtual de calidad y con fácil acceso.

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Foto: Las2Orillas.

Hacerlo no será fácil. Como escribió Julián de Zubiría Samper en El Espectador, “el 52 % de los hogares en el país tiene conectividad a internet. En las cabeceras, el 63 % dispone de conexión a las redes, mientras que en la ruralidad prácticamente no existe, ya que tan solo en el 1 % de los hogares hay internet fijo y móvil. En estas condiciones es totalmente imposible para la educación pública y básica dar el salto a la virtualidad”.

La falta de preparación de Colombia para la virtualidad no solo se ve en la desigualdad relacionada con la conectividad y con los equipos necesarios para acceder a internet, sino en el analfabetismo que se mantiene en este tema. Para muchos docentes, estos meses han sido el primer encuentro con un ecosistema que tiene particularidades que no pueden ignorarse. No es tan sencillo como creer que el curso que antes se dictaba en un espacio presencial ahora se replica en internet. Los ritmos son distintos, la atención también y eso genera un universo de retos que no se solucionan en tan poco tiempo que hemos tenido de preparación.

La frustración se ha visto en redes de parte y parte. Estudiantes que denuncian prácticas pedagógicas injustas o poco productivas, padres de familia frustrados por la cantidad de tareas inocuas y falta de creatividad en los métodos, docentes que se sienten sin las herramientas necesarias para conectar en un proceso tan complejo como la educación.

Es momento, entonces, de hacer un diagnóstico veloz e implementar medidas ambiciosas de corto y mediano plazo. Se hace necesario acelerar la revolución educativa y entenderla como necesariamente ligada a la virtualidad.​​​​​​

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El Gobierno es el llamado a liderar mesas de trabajo que involucren a las universidades, los colegios y, sí, a los prestadores del servicio de internet para encontrar la manera de garantizar que en esta crisis no estemos dejando sin educación a varios colombianos. El reto es gigante y, además, urgente de resolver.​​​​​​​

Tomado de El Espectador.com

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