Deje el acelere

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Imagen: Daniel Reche en Pixabay

El frenesí de las ciudades con sus cotidianidades es apabullante, asfixiante y muchas veces tóxico. Tomar el tiempo suficiente para respirar, hacer altos en el camino (pausas) con el fin de compartir la vida es altamente sano y recomendable. El día rural es diferente al día en las ciudades. En lo rural todo es más sostenible. Tener buenos hábitos de vida es recomendable, así como respirar, sonreír y conversar.

Decirle a alguien en Colombia que deje el acelere es pedirle paciencia, tranquilidad, calma, cordura, estabilidad, buen trato, delicadeza.

El tiempo apremia cada día en las ciudades y sus interminables ritmos. Las ciudades tienen vidas propias y controlan las vidas de sus habitantes.

Tener en cuenta la hora de entrada y de salida, cumplir con una entrega, abordar el bus, metro o tren, subir al avión, tomar la lancha, el barco o el crucero si el viaje es de placer, estar pendientes del programa de TV que comienza, del noticiero en la radio o de leer el periódico ya sea impreso o digital.

Preparar el desayuno o desayunar, luego continuar con la rutina y estar pendientes de las cosas extraordinarias, de los problemas que hay que resolver, del detalle que arreglar.

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Solucionar inconvenientes de muchas índoles: económicas, personales, sentimentales, de salud, de posiciones políticas, problemas éticos. Indignarse por lo que sucede en el mundo o complacerse por las cosas buenas que pasan.

Todo en el marco del tiempo. Hay que tener tiempo para hacer muchas cosas y sacar tiempo para cualquier actividad o reflexión. Para orar, para alimentarse, para comunicarse con otros, para descansar, para trabajar o buscar trabajo, para la solidaridad, para el bien común.

Las ciudades no descansan. Comparar un día en el campo con un día en la ciudad es notar que lo rural tiene su propio ritmo. El ritmo del día y de la noche, de la naturaleza, del despertar y el descansar, de la siembra y la cosecha, de los ciclos de la vida, de las plantas y de los animales. El aire, el tiempo y la cotidianidad son diferentes en el campo (la ruralidad) que en la ciudad.

El acceso a servicios también es diferente. La congregación de miles, cientos de miles o de millones personas en un mismo territorio hace que la oferta de servicios sea mayor que en lo rural. Allá hay distanciamiento; tanto que muchas veces la oferta de servicios del estado es pequeña o nula.

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Foto: ONU

El tiempo de la ciudad es acelerado. Amanece y la percepción nos dice que en un abrir y cerrar de ojos ya es media mañana y mediodía. Luego, llegan la tarde y la noche rapidísimo. Su aparición y desaparición es increíblemente veloz.

Las ciudades y el ritmo que las personas tienen en ellas, independientemente de que haya cuarentena o no, pandemia o no, aislamiento o no, hacen que aumenten los riesgos para la salud. Enfermedades cardiovasculares, infartos, estrés, ansiedad, hipertensión, malos hábitos alimentarios, mala postura, malos hábitos de viaje, uso de medios de transporte no sostenibles.

El tiempo es una percepción del transcurrir que medimos por acuerdos legales y sociales de metrología en segundos, minutos, horas, días, meses, años, décadas, siglos, milenios. Los países tienen una hora oficial.

Y cuando los tiempos propios se cruzan con los tiempos de otros llámense personas u organizaciones o con sus necesidades, llegan los afanes, los cronogramas, las citas y compromisos, los asuntos por cumplir, la proyección de la vida.

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¿Dónde queda la oportunidad de tomar un poco de sol? ¿De percibir el olor de una flor? ¿De sentir el agua rodando por las manos? ¿De sentir la llovizna en la piel sin temer un resfrío? ¿De disfrutar de una conversación? ¿De escuchar a los otros sin chatear ni mirar la pantalla de un dispositivo electrónico? ¿De leer un libro? ¿De cuidar una planta o un animal de compañía hablándoles con atención? ¿De caminar? ¿De sonreír? ¿De vivir?

Creo que es hora de decir: deje el acelere y aproveche unos minutos del domingo, o unas horas o todo el día para hacerlo. Nos conviene a todos. Y si puede entre semana, también.

Respire.

Tomado de Enfoque

 

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